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DIARIO DEL VOLUNTARIO 

SEMANA 1

La aventura comenzó de vuelo en vuelo, de país en país: España, Alemania, Sudáfrica, y por fin, Mozambique. Después de 26 horas de viaje, hacer 3 más para llegar a nuestro destino final no fue un problema.

Caída la noche llegamos a Lumbo, una región interior no muy alejada de la costa, llena de niños correteando por la arena que no dejaban de mirarnos con una mezcla de asombro, desconfianza e ilusión.

Nos instalamos en la Casa del Cooperante de las Hermanas, justo en frente de su comedor Mamá Teresa. Nos acogió una casa humilde, con techo de chapa y muros de bloques, preparada para cubrir nuestras necesidades.

Alrededor de nosotros vimos casas de adobe y cañas, otras de piedras, algunas de bloques, incluso ruinas habitadas de la antigua época colonial. Montones de hojas y basura listos para quemar salpicaban las calles de arena y polvo. Las pocas luces colocadas a lo largo del pueblo iban y venían, dejando por momentos a oscuras "el continente".

Ya el segundo día fuimos andando hasta a la Ilha de Mozambique y visitamos a las Hermanas. Allí hemos podido ver nuestras primeras puestas de sol, hemos conocido niños que nos han acompañado durante el recorrido de toda la isla, y hemos compartido momentos y charlas con gente realmente motivadora. De la misma manera ocurrió en Jembesse, pueblo costero y pescador, unido por un largo puente con la Ilha. Ya sea en “chapa”, en moto o andando, vamos observando todo lo que hay a nuestro alrededor y poco a poco estamos conociendo lugares fantásticos y personas increíbles.

En estos pocos días, esas primeras miradas extrañas que nos recibieron se han tornado en saludos cariñosos, en gritos de alegría al vernos desde el otro lado de la carretera y en decenas de niños siguiendo a unos “akuñas” a los que ya llaman por su nombre.

 

Esta primera semana ha servido de adaptación, hemos aprovechado para movernos y hacernos presentes en nuestro entorno, mezclarnos con la gente, pasear por los mercados y acostumbrarnos a lo que va a ser nuestra vida durante las próximas semanas.

Pero no todo han sido paseos eternos; por las mañanas ayudamos en el comedor. Comprobamos de primera mano la increíble labor que se realiza, pudiendo dar una comida a casi 400 niños. Nos quedamos impresionados con la gran cantidad de “meninos” que asisten, algunos con apenas 2 años, acompañados por sus hermanos mayores, quienes les ayudan y cuidan durante la espera. Es increíble estar entre ellos, jugar todos juntos, darles la oportunidad de disfrutar durante la mañana, independientemente de sus edades.

 

Que tengan dos semanas de vacaciones, o “ferias”, nos está dando la oportunidad de relacionarnos con ellos cada mañana en el comedor, pero, por el contrario, está retrasando nuestra labor, ya que aun no hemos podido asistir a las escolinhas ni ver a sus respectivos profesores. Nos tocará esperar una semana más…