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DIARIO DEL VOLUNTARIO 

SEMANA 5

No nos habían vendido demasiado bien Nampula. Iba a ser muy diferente a Lumbo y a la Ilha, evidentemente, no solo por el estilo y el tamaño, sino también en términos de seguridad, libertad y mentalidad de sus habitantes.

La realidad es que llegamos con temor, pensando que no podríamos apenas salir ni pasear por las calles para conocer la ciudad. Pero a la primera de cambio, nos vimos los dos solos caminando por la principal vía de la ciudad sin saber demasiado bien dónde íbamos. Las reuniones no se acabaron en la Ilha, todavía nos quedaba algún asunto pendiente; y además de gran interés para nosotros. No éramos los únicos en el barrio; una chica portuguesa que colaboraba en la escuela de otra congregación fue un salvavidas para nosotros, y nosotros para ella, para poder salir un poco más: a ver el mercado, a pasear por todas las “lojas” de capulanas y a mezclarnos con la gente como nos gusta hacer. 

Afrontamos nuestra última semana con ganas de conocer la escuelita. Mejor dicho, el Jardim Infantil “Paulita”. Era completamente diferente al resto. Aulas amplias, una perfecta organización bajo el mando de la “Irmã” directora y profesores encantados con nuestra visita, que demostraban ganas y disfrutaban con su trabajo con los niños. Los batines rojos, azules y verdes nos recibieron al ritmo de canciones de bienvenida y de presentación, no sin antes cantar al unísono el himno del país y de su escuelita, por supuesto.

Dedicamos las mañanas a observar y a conocer mejor cómo funcionaba la escuela. Debido a su horario, su disposición y la obligatoriedad de formación de los empleados, tenía esa denominación de “Jardim Infantil” y los “educadores” eran los responsables de cada aula. Todos habían cursado su formación correspondiente y se ajustaban a una programación marcada por el gobierno y supervisada por la directora. Lo mejor que podíamos aportarles eran las herramientas necesarias para poder llevar a cabo su labor. El libreto que trajimos pensado para Lumbo se convirtió en un glosario de actividades inmenso para ellos. Con tener solo el libreto podían dar todos los contenidos obligatorios e incluso alguno más, con muchas posibilidades de actuación, con actividades por edades y todo englobado en un solo cuadernillo fácil de usar y transportar. Todo ello acompañado de una gran cantidad de material que les pudimos llevar y que les facilitará durante todo el curso la realización de las actividades y dinámicas que hagan.

Fue un gran alivio sentir que nuestro trabajo les era realmente útil y que nos demostraran su agradecimiento por ello.

Compartimos patio y recreo con todos los niños de la escuelita. Todos hablaban un genial portugués que nos facilitó la comunicación y el poder sentarnos para hablar, jugar en sus columpios, hacer trenzas y contarnos historias de sus viajes y su familia.

Los días pasaban rápido y como es habitual, se nos juntaban muchas cosas que hacer para el final. Últimas compras, últimos retoques, despedidas, encargos, reuniones y llamadas antes de irnos… todo pasó volando. Sin darnos cuenta era ya viernes. No nos había dado tiempo a escribir estas líneas y todavía no habíamos organizado nada para nuestra vuelta. Entre maleta y maleta, capulana y capulana, nos escapamos un par de horas para ver un auténtico paraíso a unos pocos minutos de la ciudad. Un paraje a lo “Jurassic Park” que nos mostró lo que esconde este país y lo que todavía nos queda por conocer de él.

Otras 24 horas de viaje nos esperaban por delante, esta vez 24 horas de tristeza y melancolía. Nos despedimos de casi todos, menos de los que nos hubiera gustado, pero fue un sincero “hasta luego”, porque ellos esperan nuestra vuelta y nosotros esperamos regresar. Ya queda un día menos para volver a vivir una nueva aventura. Un día menos para que AMUSI regrese a Mozambique. 

¡HASTA PRONTO!