SÍguenos

CONTACTA CON NOSOTROS 

BLOG

DIARIO DEL VOLUNTARIO 

SEMANA 2

Una semana más entre ellos, 7 días más despertándonos con el sonido de las risas y el corretear de los niños que entran por la ventana. Amanecen temprano los días y nosotros con ellos. El tiempo escasea, y las horas de luz no dan para hacer todo lo planeado.

Su primer día de la semana, el domingo, disfrutamos del mercado de Lumbo; un bullir de gente vendiendo todo tipo de cosas, dejando apenas espacio entre puestos por el que pasar. También es un evento social importante para los vecinos de la región; es la forma de subsistir de muchas familias, y una inmejorable opción para hacer las compras semanales.

El lunes tuvimos un encuentro muy esperado y prometedor. Pasamos el día en compañía de una persona que bien puede servir de ejemplo para muchos. Usene, un técnico en medicina preventiva, nos dedicó su tiempo para hablar con nosotros de absolutamente todo. Conocimos su historia, cómo pasó de vivir en las ruinas de una de las salas del hospital, a convertirse en el responsable de planificación del mismo; su vocación por la medicina; su esfuerzo por conseguir aquello que quería y la figura indispensable de aquellas personas que le ayudaron a hacerlo posible. Nos mostró el centro médico de la zona, nos habló de los jóvenes, de sus inquietudes y la dificultad de sus vidas, las escuelas, su cultura y sus costumbres... Y también nos abrió los ojos ante las dificultades que nos íbamos a encontrar al intentar realizar nuestra labor, dando explicación a todas las complicaciones que, hasta el momento, estábamos experimentando.

La burocracia nos hizo pasar todo un día en Nampula. Viaje largo de ida y vuelta en el día que nos permitió ver los contrastes de una ciudad grande con lo que acostumbramos a ver en nuestra zona. Unos contrastes marcados, curiosamente, por la mayor similitud: la extrema pobreza, todavía más evidente en la zona urbana. La visita a la ciudad, sin embargo, nos guardaba una sorpresa inesperada. Una nueva vía se nos abrió; la posibilidad de un entorno más favorable para nuestro proyecto. Nos encontramos con el fuerte interés de realizar allí nuestra formación, con la posibilidad de una mayor predisposición a cooperar por parte de los maestros de la escuela. Las Hermanas de allí nos abrían sus puertas y la “escolinha” estaba encanta de acogernos.

Afortunadamente los niños siempre alegran los días. Cada tarde salimos de casa con nuestra mochila llena de balones, globos, cuerdas y material de todo tipo. A cada paso que damos se nos van uniendo más y más niños que quieren jugar, divertirse y que alguien les anime su día a día. En las explanadas entre las casas jugamos al fútbol, echamos carreras, hacemos pruebas y juegos, y nos dejamos la voz en organizar y dirigir un maravilloso caos.

Las tardes prometen, y a la espera de si nos decidimos por ir, o no, a la gran ciudad a impartir la formación, seguiremos ayudando a alimentar a las “crianças” en el comedor, y a ofrecerles cada día juegos y actividades que les ayuden a crecer y les hagan sentirse vivos, apreciados y, sobre todo, felices.